¿Cómo se diseñan los objetivos organizacionales?

Maisa Mercado

👉 ¿Los objetivos en tu organización están siendo una fuente de energía… o de tensión?

Hace poco, en una sesión de planeamiento, un líder me decía: “el equipo está cumpliendo con todo, pero no colaboran entre sí, los procesos no fluyen y lo hacen todo a última hora”


Una de las claves para que un equipo no haga las cosas “solo por cumplir”, es dar una
dirección clara e identificar la contribución de cada persona al objetivo común.


No es solo lo que exigimos, sino desde qué vínculo acompañamos. Un objetivo puede inspirar cuando conecta con el propósito, reta el crecimiento de la persona, se conversa de forma transparente y permite espacios para ajustar sin culpa. 


Sin embargo, puede presionar cuando solo se vuelve una carrera contra el tiempo, con indicadores poco claros y genéricos, que se revisan, pero nunca se entienden.


Y si el equipo ya no siente orgullo por lo que logra, quizá el problema no sea el equipo. Sino cómo diseñamos (y sostenemos) los objetivos.


Un buen objetivo:


01) Conecta con la estrategia: Antes de metas, define el para qué. Un objetivo responde a la prioridad estratégica, no solo a tareas operativas.

02) Define el impacto esperado: No empieces por KPIs. Aclara primero qué cambio esperas lograr y cómo eso aporta a los resultados y propósito.

03)Diseña objetivos en conversación: No es un ejercicio del liderazgo en solitario. Involucra a los equipos para que tengan sentido y no se sientan impuestos.

04) Hazlos medibles y ajustables: Claridad no es rigidez, define indicadores realistas y revisa de manera continua.

05) Alínealos a las capacidades: Un objetivo que desconoce lo que el equipo puede hacer genera frustración. Asegura que existan las herramientas, el tiempo y el conocimiento necesarios.

06) Vincúlalos con el desarrollo: Un buen objetivo también impulsa crecimiento. Piensa en qué habilidades nuevas se movilizan y qué oportunidades de aprendizaje abre.

07) Revisa la experiencia del equipo: Evalúa no solo el cumplimiento, sino la energía que vive el equipo al perseguirlo. ¿Qué conversaciones necesitamos tener en el camino?


#CrecenLasPersonas #CrecenLasEmpresas #LiderazgoConsciente #ObjetivosOrganizacionales #Accountability #PlaneamientoConPropósito

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El verano suele reabrir una conversación recurrente en las organizaciones: horarios reducidos, trabajo remoto, jornadas intensivas o esquemas híbridos temporales. Muchas veces, estas medidas se entienden como concesiones estacionales o beneficios circunstanciales. Sin embargo, vistas desde la experiencia del colaborador, las decisiones que se toman en esta época del año dicen mucho más de lo que parece. La flexibilidad laboral en verano funciona como un espejo cultural. Refleja cómo una organización entiende la confianza, la autonomía y la forma en que acompaña a sus equipos en distintos momentos del año. No se trata solo de trabajar menos horas o desde otro lugar, sino de cómo se gestiona el trabajo y qué tan consistente es la experiencia cotidiana del colaborador. Entre las prácticas más comunes en esta época se encuentran las jornadas intensivas o de medio día , especialmente los viernes. Bien gestionadas, suelen mejorar la percepción de equilibrio y favorecer la concentración en prioridades claras. El riesgo aparece cuando se mantiene la misma carga de trabajo en menos horas, generando presión adicional y una experiencia contradictoria para los equipos. Otra medida frecuente es la mayor flexibilidad para el trabajo remoto . Para muchos colaboradores, esto se traduce en menos traslados y mejor organización personal, impactando positivamente en su experiencia. Sin embargo, si no existen acuerdos claros sobre disponibilidad y coordinación, puede derivar en jornadas extendidas o en una sensación de estar “siempre conectados”. También es habitual la flexibilización de horarios de entrada y salida , permitiendo que cada persona adapte su jornada según sus necesidades. Esta práctica suele ser bien valorada cuando hay objetivos definidos y liderazgo cercano. Su principal desafío es la coordinación entre equipos y áreas, especialmente si no se establecen ventanas comunes de trabajo. Algunas organizaciones optan por políticas de desconexión más explícitas durante el verano , como limitar reuniones en determinados horarios o reducir encuentros no prioritarios. Estas iniciativas suelen mejorar la experiencia del colaborador al ordenar el tiempo y reducir la sobrecarga. No obstante, requieren coherencia desde el liderazgo: de poco sirve promover la desconexión si las urgencias siguen llegando fuera de horario. Cuando estas prácticas se implementan con criterios claros, comunicación transparente y foco en resultados, la experiencia del colaborador se fortalece. El problema surge cuando la flexibilidad se percibe como improvisada, desigual o reversible sin mayor explicación, generando frustración y desgaste en los equipos. Más que una pausa en la exigencia, el verano puede convertirse en un espacio de aprendizaje organizacional. Un momento para observar qué esquemas funcionan mejor, cómo responden los equipos con mayor autonomía y qué ajustes pueden integrarse de manera sostenible al resto del año. Al final, no se trata de una conversación sobre horarios. Es una conversación sobre cultura, coherencia y el tipo de experiencia que las organizaciones están construyendo para quienes las integran, incluso cuando cambia el ritmo.
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