¿Cómo darle feedback a tu jefe?

Andrea Alvarado - Coordinadora de Operaciones Asertiva Consulting

El home office y el trabajo remoto a causa de la pandemia han hecho que el feedback se vuelva imprescindible y la mejor manera de gestionar el desempeño de los colaboradores. Sin embargo, más allá de eso, el feedback puede ser visto como es un acto de generosidad, porque la persona que da feedback, busca realmente potenciar el talento de otra persona.


Como colaborador en algún momento has recibido feedback, alguno que recordarás con más cariño que otro seguramente, pero alguna vez, ¿Le has dado feedback a tu jefe? Sí, así como lo lees, tú tomar la iniciativa y darle feedback a tu jefe, suena raro ¿no? Porque no es común o no suele suceder, porque aún las empresas no están listas o falta cierta madurez empresarial para tener una percepción distinta al creer que “los jefes lo saben todo”, sobre todo en empresas de

Latinoamérica.


Sin embargo, es una práctica que demuestra la cultura de la empresa, y que cada vez es más importante considerar, todos tenemos oportunidades de mejora, así estemos en una posición de liderazgo. Por eso te dejamos algunas recomendaciones que debes tener en cuenta para tomar la iniciativa como colaborador, cambiar la cultura organizacional y llevarla a otro nivel.


Piensa y prepárate para el feedback.


Como colaborador siempre estará el pensamiento de no decir lo que realmente se piensa o ser del todo sincero porque puede perjudicar la relación con tu líder; sin embargo, siempre será recomendable ser honesto, tener claridad y elegir un tema concreto en el que quieres enfocar el feedback, es recomendable que elijas una situación particular que esté orientada el entorno laboral, y de la cuál tengas información verídica, sé específico y apóyate en ejemplos concretos. Debes tener en claro que no es un espacio de crítica, es un espacio para enfocarte en la mejora y ofrecer soluciones.


Asegúrate que tu jefe tenga la apertura.


Vale la pena darle feedback a tu jefe siempre y cuando tenga la disposición. Muchas veces las personas pensamos que hemos hecho las cosas muy bien, nos podemos sentir satisfechos con el resultado y no ser conscientes de las mejoras que pueden existir. Como colaborador debes asegurarte de que tu jefe tenga realmente la apertura y disposición para escuchar.


Busca el momento y lugar adecuado


Tener el tacto adecuado y decir las cosas apropiadas es lo más importante al dar feedback, recuerda la importancia de la privacidad y de elegir el lugar adecuado, un verdadero feedback no busca exponer o poner en una posición incómoda a ninguna persona, ten en consideración el contexto y el tono que le darás a la conversación, recuerda que es tu líder y es necesario cuidar las formas.


Si eres nuevo dando feedback, ten en cuenta que lo ideal es que brindes tus comentarios en persona, y en una reunión privada, busca generar un ambiente de confianza y de seguridad que tenga como finalidad que tu jefe continúe mejorando y tenga un mejor liderazgo tanto para ti como para el equipo completo. Recuerda que no necesariamente la recepción del feedback va a ser la mejor; sin embargo, no pierdas de vista la importancia del momento y el por qué lo estás realizando.

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El verano suele reabrir una conversación recurrente en las organizaciones: horarios reducidos, trabajo remoto, jornadas intensivas o esquemas híbridos temporales. Muchas veces, estas medidas se entienden como concesiones estacionales o beneficios circunstanciales. Sin embargo, vistas desde la experiencia del colaborador, las decisiones que se toman en esta época del año dicen mucho más de lo que parece. La flexibilidad laboral en verano funciona como un espejo cultural. Refleja cómo una organización entiende la confianza, la autonomía y la forma en que acompaña a sus equipos en distintos momentos del año. No se trata solo de trabajar menos horas o desde otro lugar, sino de cómo se gestiona el trabajo y qué tan consistente es la experiencia cotidiana del colaborador. Entre las prácticas más comunes en esta época se encuentran las jornadas intensivas o de medio día , especialmente los viernes. Bien gestionadas, suelen mejorar la percepción de equilibrio y favorecer la concentración en prioridades claras. El riesgo aparece cuando se mantiene la misma carga de trabajo en menos horas, generando presión adicional y una experiencia contradictoria para los equipos. Otra medida frecuente es la mayor flexibilidad para el trabajo remoto . Para muchos colaboradores, esto se traduce en menos traslados y mejor organización personal, impactando positivamente en su experiencia. Sin embargo, si no existen acuerdos claros sobre disponibilidad y coordinación, puede derivar en jornadas extendidas o en una sensación de estar “siempre conectados”. También es habitual la flexibilización de horarios de entrada y salida , permitiendo que cada persona adapte su jornada según sus necesidades. Esta práctica suele ser bien valorada cuando hay objetivos definidos y liderazgo cercano. Su principal desafío es la coordinación entre equipos y áreas, especialmente si no se establecen ventanas comunes de trabajo. Algunas organizaciones optan por políticas de desconexión más explícitas durante el verano , como limitar reuniones en determinados horarios o reducir encuentros no prioritarios. Estas iniciativas suelen mejorar la experiencia del colaborador al ordenar el tiempo y reducir la sobrecarga. No obstante, requieren coherencia desde el liderazgo: de poco sirve promover la desconexión si las urgencias siguen llegando fuera de horario. Cuando estas prácticas se implementan con criterios claros, comunicación transparente y foco en resultados, la experiencia del colaborador se fortalece. El problema surge cuando la flexibilidad se percibe como improvisada, desigual o reversible sin mayor explicación, generando frustración y desgaste en los equipos. Más que una pausa en la exigencia, el verano puede convertirse en un espacio de aprendizaje organizacional. Un momento para observar qué esquemas funcionan mejor, cómo responden los equipos con mayor autonomía y qué ajustes pueden integrarse de manera sostenible al resto del año. Al final, no se trata de una conversación sobre horarios. Es una conversación sobre cultura, coherencia y el tipo de experiencia que las organizaciones están construyendo para quienes las integran, incluso cuando cambia el ritmo.
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